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martes, 22 de agosto de 2017

En las alturas de mis emociones suelo querer la vida, suelo amarla y arrullarla y eso me pone a salvo. Ese estado de exaltación me pone a prueba y yo siento por la ciudad y su gente un amor inmenso; por todos los detalles, todos los recorridos de mis caminatas musicales, de mis calles, mis bares, mis rincones; la música me templa como el acero de una espada, puedo hablar en voz alta de toda mi admiración, mi perseverancia, puedo transitar esta euforia como un himno a la vida; la dirección del sentimiento me lleva por grandes contemplaciones, me absorbo en la ternura mágica que siento, me dejo llevar por la ola hasta la próxima estabilización, no decaigo, al contrario, puedo sumar, puedo entregarme a la mas amplia reverencia, no solo recuerdo mi infancia, me convierto en un niño, me dejo ir imaginando a mis padres, me imagino naciendo, me imagino sangrando y me quedo en todas mis imágenes quieto y feliz de recuperar la palabra.

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