domingo, 30 de julio de 2017
Meditaciones en Movimiento
La rareza del trabajo de escritor en un mundo donde lo que gobierna es la imagen. Que espacio tenemos para compartir, que relaciones podemos crear para ser entendidos, como nos gustaría, para armar el personaje, ser el títere que se comunica para revivir, para resonar con sus sueños, el ultimo sueño de su meditación solar, con el cuerpo en un llamado, en una danza mortal como es la danza de los arboles en la tormenta, la caricia del viento en el rostro, el nudo de los amores perversos, la luna melancolica de los desencuentros; ser escritor para recibir el fuego del deseo de la palabra, para fraguar el tiempo de todos los inviernos, en la cuna de tus nacimientos, en el llanto bendecido por la noche, por la música de tus padres revividos, la temperatura de la nobleza de la hora, todo lo que te recuerdan los recuerdos en la madera sembrada de tu idioma, ser para parir, para entregarse a las grandes corrientes de agua, para ambientar el pensamiento en un salón con bibliotecas, en un baño perfumado, en el silencio de todas las intimas relaciones con la vida. Siempre una ensoñación a la altura de los textos de Bachelard, de la hija amada, del tiempo de los hijos, un tiempo para envejecer y mirar de frente todo lo que se mueve con el sol, con la bondad de los delirios pasados, en la empresa de tocar con los pies tus escritos, tu gramática, de envolver en papel la arena, el barro, la sangre que te da la vida como si ya supieras en donde te apoyas, una lenta manera de decaer, una forma atrevida de irse apagando para vencer la soledad y para rimar con las sombras del mundo subvertido donde encajan los pobres diablos que no encajan en otros mundos imposibles.
sábado, 29 de julio de 2017
Yo siento mas alla de la política que me quieren imponer, una gracia, una plena palabra de nuevas maneras de vivir, de cambios profundos en mi interior, de valoración estética de la vida, una manera de sentir espiritualmente la existencia, de comprenderla, enhebrándome en otras opiniones, acercándome a otros puntos de vista, a veces como complice, a veces como testigo, siempre como lector de una cotidianeidad que me enseña el camino. Siento que la política tiene que ver con el querer, que hay política mas alla de la política, pero que fundamos nuestro territorio sobre la base de un acuerdo que nos mantiene vivos, en un ser social que nos compromete con la vida; el compartir, el sumar es también política, romper la lógica de la predica individualista, ser con otros, derribar el cerco de la soledad hacia un compromiso con la tarea. Poder decir mas alla de lo partidario, ser ciudadanos con corazón, ser un pedazo colectivo del tejido que aprendemos dia a dia a tejer con otros, la republica del deseo, el país de las voluntades.
Hay algo en el barrio, en el caminar por las calles, en sentir el clima diario, las tardes de sol, los colectivos, el hospital, una rutina creadora, una costumbre que se sale de la costumbre, la energía vital que se vive compartiendo rumbos y todo lo inmediato de nuestras vidas, toda la poesía que hay en ella también es ideología, la que se funda en razón de la experiencia ética, de los sueños y de todos las relaciones que nos definen como seres humanos.
Como vi renacer al niño que nunca pudo crecer, que siempre talado, suspendido en el vapor suelto de la soledad se vio a si mismo como ajeno, como àrbitro de una pelea entre la realidad y la ilusión. Senti la inmensa soledad de horas heridas, pero también sentí el amor de la mujer, de la voz que no cesa, de la mirada en el abrazo de la palabra, en el sesgo nocturno y musical de un beso, tan solo eso, un beso, una huella profunda en el espíritu, una inscripción en la historia, para quitarme de la orfandad, para curarme de las heridas mas profundas, un beso a la altura de los cielos, la boca enraizada en el mundo, en el fuego, en la casa de todas las infancias, un beso que rompe con las murallas, a veces apenas un saludo, a veces una apasionada manera de decir el encuentro, la diferencia y la igualdad, para desanudarse, para desnudarse en la intención mas secreta, donde los silencios perduran con las miradas, con los abrazos que son una de las formas de decir te quiero, como se nombran las montañas o los parques, como nos abismamos en el recorrido del tiempo, un te quiero que es verdad, que es luz y al mismo tiempo anudamiento libertario, como se quieren los tomates, las cacerolas, los vinos, la cebolla, se quiere al amigo, se quiere a la mujer, con los pies desnudos, con la materia de todos los disfraces, subiéndose al columpio de la vida para madrugar, para poder decir lo que se quiere decir en la locura del amor, en la ilusión de los arrebatos, lo que me inspira es la distancia, lo espiritual del sentimiento de nombrarte, de imaginarte de devolverte a la vida, según este misterio que nos da la historia de pensar en el último territorio, en tu cuerpo.
viernes, 28 de julio de 2017
Encuentro luminoso
Tarda en llegar la alegría, esa que siempre esperamos, esa que estudiamos y preparamos como si fuera un postre o una bandera. Es una alegría que compartimos en lo mas pequeño y simple, en lo mas evidente; es una alegría que cura nuestras heridas, que repara todo nuestro sufrimiento pasado, que nos invita a vivir con la música que encontramos, con los libros y la gente, siempre la gente con la que uno se hace solidario, en la conversación de todas las historias posibles. A mi me ayudo el Budismo a concebir una conciencia clara que no se enreda en los caprichos o los vicios del pensamiento, el despertar del Buda fue mi propio despertar y es con una mente luminosa que uno encara la vida cotidiana en la posibilidad de amar, de desear, de aprender siempre aprender de los demás, los caminos que uno no hizo, a veces caminos tortuosos, caminos de silencio, de sacrificio. Yo he tomado gracias al psicoanálisis por la via de los grupos, me siento bien en ellos, para mi es una experiencia de crecimiento, donde apuesto a sembrar relaciones.
Esta alegría que nace de mis propias fortalezas, al amparo de una soledad que revive gracias a lo social, una soledad resignificada que yo exhibo como un trofeo, como una manera de andar también por la vida haciendo amigos, la amorosa condición de luz, que es trascendencia, yo la tomo y la doy devuelta y me callo y me entrego y estoy siempre abierto a resurgir, a soñar con la imaginación siempre en alto para recrear el mundo del misterio femenino en la búsqueda de mi identidad, en la manera de resonar la familia que me transforma y me convoca, para proseguir el camino de las arenas interminables, de los eternos cantos, a pesar de toda la miseria.
jueves, 27 de julio de 2017
Para intentar un cambio, a veces la provocación de un estado por los sonidos armónicos, por el efecto de la noche, las poses amatorias, el cuerpo que se insinúa en el llanto, en las emociones profundas donde solo hay un agradecimiento por la belleza.
Como si se tratara de una iniciación, ver la unidad de los pedazos dispersos, la raíz de tanta voz encendida en el ambar perfumada, que nos interpela, como el azar, como la figura del loco en el tarot o el caminante, seguirle el rastro a la escritura, ser la medida viviente de un nuevo orden, que se hace, como toda metamorfosis en los amarillos y en los verdes de las praderas cielo arriba, sin confundir con la escritura, el espejo opaco y sombrìo de la tristeza que penò por dar vida, por regalar la dicha de todos los libros leidos, que son un poco como la tierra que late, como los soldados que danzan, siempre encadenados a su destino, pero también apropiándose de una libertad posible, aùn en un hueco, para ver otra realidad, el contraste entre los personajes del drama, la alegría de revivirlos, como si se los idolatrara, siempre en el ideal de los brotes de la psicosis mas profunda, que trae viento nuevos, a las lagrimas de siempre, a las voces como espectáculos, como digestión, como maduración y maceración de las raíces, la noche que deambula con sus fantasmas, de la mano de mamà, de los brazos imaginarios de papà con todas las herramientas para cavar muy profundo en el dolor de conocerse y maniobrarse y amputarse a veces para renacer, de la carne talada a la mayor felicidad posible.
miércoles, 26 de julio de 2017
Iluminaciones
La confluencia entre Budismo y psicoanálisis, mas que verdades, encontrar una forma de vivir en la luminosidad del deseo, en el espacio musical de los instrumentos de un saber, de una forma de entender las relaciones, de concebir la familia, como si la vida fuera un modelar en la arcilla de los corazones. El amor necesario para resurgir, el amor que fortalece, desde las palabras, desde el ensueño, como danzar, como abrirse paso gracias al logro de los trabajos acumulados, gracias a la variedad de literaturas y psicologías visitadas. Mi garganta abierta, lo que escribo, lo que presumo, la ligereza con la que se mueven mis pies, mis brazos, la tan negada a veces incomodidad estudiada, presentida como un fruto desplazado, como un monigote mi cuerpo, que va a través, que despierta y se adormece, que se queja y que disfruta; un cuerpo con unos huesos airosos, con una estabilidad hecha a base de frituras, cuerpo erosionado pero también renovado, cuerpo que atraviesa todos los nacimientos, desde una danza reparadora, desde un movimiento urbano, colectivero, bibliófilo. Cuerpo de papel y de ceniza, ya por suerte fuera de la nociòn de individuo; mas que todo orillando los sesenta una mañana que se inventa como cualquier mañana, atravesado por el siglo, por los recuerdos de Paris, de Avignon, de todo ese pasaje fugitivo, de frontera en frontera, la llama viva del ansia, del cigarrillo, del café, para enhebrar una aguja imposible, una casa de campo, una chimenea, un fuego, una leña y hacer el amor y todavía creer en la vida.
Una soledad oceánica, espiritual, en un dialogo profundo con los sentimientos que enaltecen, en el mejor estilo de Rilke, cuando la vida se apropia de todo lo positivo que tiene para dar, en la certeza de las cosas inciertas, sobre la base de un cuerpo placer que vive sin sonrojarse en sus propias conquistas, siempre en el hallazgo de lo maravilloso; de una espacialidad que recupera las ganas de vivir, el sentimiento pleno y amoroso por todo lo que ilumina, pensando en las mejores enseñanzas del Budismo, en el brillo de tu rostro, en el sonido de tu voz. Todo eso me ha sido dado, todo lo supe desde mis lecturas, desde mis anhelos, lo que es de mi cosecha y lo que sembraron otros en mi, sabiendo que las noches serian mias, que le habrìa ganado la partida al dolor, al padecimiento mental, a lo mas duro de la psicosis.
En los tiempos mas primitivos de mi andar por carreteras, llevando ilusiones pasajeras, música de países sin sombra, mujeres de impiadosas manos. Todo el tiempo para recuperar el olvido, los cuarteles de invierno, la mazamorra, el pan duro. Para crecer entre los sueños dando a nacer una criatura que devora kilómetros como pesadillas, atravesando las fronteras, las ciudades, los pueblos, todo lo que contiene por dentro un mundo lleno de paisajes adolescentes, en la pasión del primer noviazgo, en el entusiasmo por un porvenir donde los amigos, las ferias, los llamados al amor a escondidas, las hazañas infantiles, todo eso que perdura hoy, viéndolo del otro lado de los cristales, tomando recaudos en el hecho de contar todo error en el laberinto de crecer y crecer, de padecer y murmurar la gota incesante que va horadando la piedra, en la locura disuelta, la satisfacción de sentirse amado, el darse como una manera de restaurarse, de invocar las musas mas prodigiosas, aquellas divinidades luminosas, acariciadoras, matristicas que anudan mis sentimientos en las mañanas mas claras, como alumbran mis emociones mas tempranas, esas que el corazón como un niño atesora por dentro del árbol que le crece en el cuerpo, esas mujeres salvadoras, de ojos futuros, de manos como playas, como amaneceres, esas mujeres que tornan el espíritu como un licor suave, como un ensueño que atraviesa las viejas calles, en puntas de pie, para bailar el mejor de los bailes, para agradecer la vida como agradezco por tanto amor reconocido.
La demencia de haber perdido la nociòn de lo escrito, cuando el tiempo de los cuerpos desnudos, durmiendo en la casa de los abuelos, sobre la caja de los bombones, haciendo poesía en los precipicios, hablando con los vecinos y mientras tanto refugiándose en lo oscuro, en las tinieblas del delirio, como voy contando mas allà de mis verdades lo que corre por mi sangre, que a veces no tiene razones, pero que con todo, construye mi pensamiento, con baldosas sueltas, con chispazos, en una madriguera donde a veces falta el aliento.
Y asi voy pegando los pedazos sueltos de lo que queda de mis costumbres, que siempre se agitan, detrás del periódico, de toda la realidad que no puedo separar de las cosas que van ocurriendo en mi interior, la ligereza del tiempo, la brevedad de los placeres, todas las necesidades de las sombras, de los tesoros, las piezas de un juego que armo con mis amigos, con mis terapeutas, con las voces que se acercan a mi corazón, con el lado izquierdo de mi voluntad, para entender el mundo, yo que estaba penando en acontecimientos, yo que no podía sembrar, me encuentro con esta juventud, con esta ola, con toda esta belleza que es una de las partes que entendí con mis prisiones, con mis dolores, con todo mi sufrimiento.
No me cuesta desandar los caminos y ver poblados pobres y ver en mi propio pasado de carencia como se fueron acomodando otros, como fueron levantando sus castillos y a eso le llamaron gloria, a la familia le llamaron éxito y yo con mi ostra, con mi pañuelo, con mi forma arrebatada al olvido, levantando imágenes de mamá y papá , intentando un poco ser como ellos, escribiéndome en un útero .A todo eso tenía que dejar madurar, sus imágenes, sus sentimientos.
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