jueves, 31 de agosto de 2017
Pintar un cuadro y verla pintando, como si ella tuviera raíces o estambres, pintar la flor completa del dolor y aguantar la puñalada en plena melancolía. Todo eso me lo contaron al nacer, eso fue escrito en mi cuerpo, detrás de las bibliotecas, en un espacio de muchas dimensiones, donde tus manos y tus pies se adivinan en el centro de aquel dormitorio vacio. Si todas las palabras rasguñadas en los cuadernos, todas las intenciones que se devoran a si mismas, que son como enunciados de una vieja polvareda, un juego de cristales rotos, como los cristales que forma la nieve en la ventana de la casa de campo, las heladas de tu timidez, el bloqueo inmaduro de tu personalidad, todo lo que llora de vos mismo, todo lo que duele en el interior de tu propio dolor, cuando acaso has esperado demasiado lo que te invita a crecer en tu padecimiento, en tu estadia bipolar en el mundo de las cosas oscuras, el desencuentro en los espejos del habla, mordiendo acaso la palabra como si fuera una tentativa, una casa del dolor para aparecer sentado abajo de un molino en plena infancia, reajustando las piezas del niño que deformas con cruces que atas con misales, todo eso lo destruyes y lo acomodas en sus pedazos sueltos, en el rincón de un armario lleno de muñecos y romper con la lógica para destrabar la muerte, que trae tanto, que se lleva tanto de su blancura inacabada, de sus cumpleaños que llenan la panza del invierno con otras panzas.
viernes, 25 de agosto de 2017
martes, 22 de agosto de 2017
En las alturas de mis emociones suelo querer la vida, suelo amarla y arrullarla y eso me pone a salvo. Ese estado de exaltación me pone a prueba y yo siento por la ciudad y su gente un amor inmenso; por todos los detalles, todos los recorridos de mis caminatas musicales, de mis calles, mis bares, mis rincones; la música me templa como el acero de una espada, puedo hablar en voz alta de toda mi admiración, mi perseverancia, puedo transitar esta euforia como un himno a la vida; la dirección del sentimiento me lleva por grandes contemplaciones, me absorbo en la ternura mágica que siento, me dejo llevar por la ola hasta la próxima estabilización, no decaigo, al contrario, puedo sumar, puedo entregarme a la mas amplia reverencia, no solo recuerdo mi infancia, me convierto en un niño, me dejo ir imaginando a mis padres, me imagino naciendo, me imagino sangrando y me quedo en todas mis imágenes quieto y feliz de recuperar la palabra.
lunes, 21 de agosto de 2017
Por todas mis dudas, cuando me ilumino, porque pensar en la miseria? Acaso esa sed de redención merece el sojuzgamiento? Mi política es para todos los que viven en los manicomios del mundo, para todos los bipolares que perdieron la batalla de si mismos y son como una ruina, en los colchones del llanto, donde se agolpan las sombras. Conoci esos lugares, mi cabeza desteñida, los vidrios rotos de mi imposibilidad de pensar, de mi discapacidad para decir, yo como otros, en la serie final de la locura, ahora me levanto para pronunciarme, para poder manifestarme en pro de la razón recobrada detras de los bastiones del delirio. Y sigo mirando a mi semejante en el interminable pasillo de su grito, donde grita el alma su piyama, su fecha de vencimiento, su precio en la espalda, por todo los errores, todos los suicidios conceptuales, todas las acrobacias que terminaron en régimen, en disciplina para el llanto helado de una soledad futura, de tanto nacimientos, de tantas palabras condenadas y ver volar al loco, verlo volar por su mania, como vuelan las águilas de la locura, en su mania de llorar por su mania, algo exagerado, tan sublime y al mismo tiempo tan demoniaco como las pesadillas en los tiempos de las revoluciones.
Por el camino de la alegría la descubro, en otros tiempos, con su semblante. Voy por esos sueños de contigüidad abriendo futuros, naciendo de un pasado maternal, que tiene siempre su sonrisa, como la veo o la intuyo siempre bipolar, entre cortinados y mundos secretos, donde ella se fue pero no se fue nunca, siempre me dejo su mensaje, su manera de vestir, de andar por las cornisas de los hijos, como yo anduve por mis cornisas en el tiempo de confluencia, mamà y Papà, y un mundo de sueños que se deshacen, como ellos en el viento, en sus cementerios, en sus ataúdes, hay algo de la muerte que florece como en la primavera, los brotes bipolares de las inflorescencias de la mente donde alguna vez estarían donde están, en alguna parte de mi cuerpo cuando bailo y soy feliz de bailarlos, de enterrarlos y devolverlos a la vida y contemplar el panorama del teatro donde los descubro, mis padres, el roce de mis padres, el corazón que perdura, como si los estuviera pariendo, como si los engendrara con mi deseo de imaginarlos, su manera de estar siempre vivos en mi, en mi sentimiento.
domingo, 20 de agosto de 2017
Mi vida Bipolar es como una gran noche con una luna colgando y un conjunto de casas y de calles y sueños y muchas maldiciones y también muchas grandezas. Tal vez por no poder pesar la magnitud del océano, como un embarazo que lleva mi madre y repara con eso su inquietud bipolar; hechos del mismo síntoma nos llevamos a veces dolorosamente por el cuerpo atravesado de los nacimientos, de las cunas, de todo lo que tiene importancia de mis propias heridas, de mis propios encierros, la psiquiatría en el niño que no puede decirse niño, sino piyama, ensalada de ideas para subvertir el orden de la familia, como si estuviéramos tan comodos en el vientre de mama los cinco hermanos, como si esperaramos en su vientre una copa o una medalla por tanto silencio, en el parto de los amaneceres, en los últimos días que recuerdo, de su mano, de su llanto, como me viene a ver la parca, como una abuela, y un supositorio y un grito y una campana. ASi hacemos el futuro con cordones de atar zapatos, en todo el surrealismo de un grito que nos conmueve, Bipolar es el espacio del llanto, de la mujer en la que creci, del daño cerebral de una traición, de un aislamiento, como la cobardía de enredarse en el propio ombligo y crecer y ser árbol y dar fruto y tener hijos y apenas poder sostenerlos, porque apenas puede con sus hospitales, con sus pastillas y sus temblores, con su baba que cae de una lengua espesa en el paradigma de los bipolares, como un reflejo, como una sombra su identidad trastocada, su doble personalidad a cuestas, por el lado del atajo, y volver de golpe a los golpes, a crecer por el lado de las grandes aguas, del aguaribay arriba de la montaña y siempre vivir goteando runas esquivas y palabras como girasoles.
sábado, 19 de agosto de 2017
A la deriva, con un mensaje que alguna vez tire al mar, para ir previendo el final de una historia amorosa, me siento escribiendo en lo alto de la montaña, el cuerpo como malformado por todos los acontecimientos, pero que aun sabe resonar, se encuentra en su instrumento para hablarle a una mujer, que puede ser su hija, en alguna parte del mundo cuando llora también sus propios lamentos, pero que sabe resurgir de su propio llanto a sus imágenes redentoras, a todas sus felicidades interiores, cuando colmado de esperanzas se sumerge en un tibio baño de calma, para ver el sol y la mañana que despunta sobre el océano de sus ensoñaciones, donde va cargando con su propio murmullo, con su horizonte, para enseñarle al mundo que en verdad se puede, levantar de la dura carga una emoción de cielo inmensos, de alegrías compartidas, de mucha variedad de paisajes del habla y de las orquestas que vamos haciendo sonar y de todas las películas y los escritos y los actores para los cuerpos exquisitos de un futuro que volvemos a armar una y otra vez contemplando las grandes aguas, las avenidas y las calles de la ciudad, como quien contempla en el fondo de las palabras una huella, una señal de que alguien estuvo allí, tirando una botella al mar, con un mensaje de tristeza.
sábado, 12 de agosto de 2017
Mi manera de andar bailando por la vida, como quien desenreda un ovillo de lana, mi manera de arrancarme vivo los sueños en mi piel, como si de pronto volviera a tener a mi hija en brazos, el mundo entero en tus brazos, con la mirada de tu deseo en otras miradas, el tiempo del conocimiento, la revelación del presente, como un sentimiento, como un recogimiento lleno de la sabiduría que da la paz. Yo ya no escribo sobre mis temores, me pierdo en el camino de mis propias palabras como si danzara en un espacio común y esa fuera mi fuerza y esa mi compañía, sentir la propia morada, el sol en mis intenciones, en mis manos, abrazando la ciudad, sus caprichosas calles, sus subterráneos, sus pasadizos; la ciudad en la que vivo, la que va según mis estados, mucho mas alla de la soledad, por donde van los otros, los que me prestan su cuerpo para seguir caminando a partir de los molinos de viento, de las locuras, de los desencuentros, hay que aprender a mirar, hay que volver a escribirlo todo, hay que desnudarse por completo ante la palabra, ante el paisaje del lenguaje, hay que abrir el corazón como en un grito, para celebrar el ultimo acontecimiento, que es tu nacer para ser acunado, para ser amado y bendecido con la ternura que siempre buscaste.
viernes, 11 de agosto de 2017
El sufrimiento no rie la risa de los otros, apenas da un beso en al aire y acaricia su llanto y espera, atravesado por la tristeza de recién llegar, en el dormir siente su aplazo, toma parte de lo que le dan y quisiera aprender a dar, para saber como amar, en su manera de caer siempre un amanecer se rompe, siempre la luna es menos luna y el sol, solo sombra de su profunda melancolía, pero quisiera poder querer, de todas sus rabias hay una la impotencia de no poder soltarse, darse, entregarse al amor hacia los demás.
Mi política es la salud mental, la mia y la tuya, como si me hubiera vencido la locura mas de una vez mi política es intentar vivir en la normalidad el mayor tiempo posible, es decir, disfrutar de los buenos momentos que puedo compartir o vivir a solas, disfrutar de la paz que tengo, que me la gane merecidamente con mucho esfuerzo. Mi trabajo es escribir y escribir mi cuerpo con la escritura de tus ojos, de toda la gente que pasa por la calle y que me importa, los conocidos y los anónimos, todos me impactan, los viejos, los jóvenes y los niños, los gordos y los flacos, mi política son los gordos en mis calles, en mis veredas, mi política sos vos del otro lado de la computadora, en mis ganas de alcanzarte, en mi sed de dar, toda la ciudad es mi política y los cielos de Buenos aires y la gente en los colectivos y en los bares, los que duermen en la calle, los que luchan y los que ya no tienen mas brazos para luchar, mi política son mis palabras, debería vivir de mis palabras pero no puedo, no alcanzo, mi política es todo el tiempo invertido para sentirme pleno, para recibir la mirada del sol, para crecer, como pudiera crecer después de todos los hospitales y de todos los dolores, mi política es renacer.
jueves, 10 de agosto de 2017
Mi pensamiento sereno se cruza sin piedad con otras imágenes. Ya sabia yo sobre mi propia bipolaridad, conocía sus gustos y sus reflejos, los miedos a no comprender la realidad, que se me escapen las ilusiones, los dibujos, que me cambien los paisajes por un grito, por un mal, acaso volver a las prisiones de mi niño, volver a ser un niño desarmado, que junta sus piezas y no puede de tanto llanto, de tanta ceguera como sus propios columpios o sus países, o las venas que recorren su realidad dolorosa, en los eternos laberintos químicos, en el llorar de su llanto como la medianía de la vida en los hospitales, como cuando fue soldado o viajero, su cabeza todavía a salvo de las entrañas del sol que se comen los vientos, los secretos en una carta mojada, en un signo perdido, como la felicidad en un reducto, como la historia de su psicoanálisis , la soledad templada a fuego como el acero, como el barro en otras realidades posibles que nadie te cuenta, la casa de tus padres, la calle miguel cane, como en un gran mapa del territorio de la ensoñación me muevo, cruzo calles y avenidas, me voy muy lejos soñando hacia afuera, en mi propio corazón, en mi propia luz, como naciendo en una abrazo interior y profundo hecho de cunas y labios y sonrisas.
martes, 8 de agosto de 2017
El país que recuerdo me echo de su vientre y ahora ya no es ternura, ya no es enfermedad, sigue siendo búsqueda por los andariveles, en la cuerda floja de las veredas de la dicha, es un país que construi entre los pedazos sueltos de mis propias convicciones; con los pedazos de otros desencuentros, de otros peronismos y radicalismos, mi manera de componer la realidad a traves de mis propios exilios de familia, de amamantamientos en la soledad, de llanto por tan poco, pero una lucidez desde las lagrimas, en una confluencia desocupada, entre el hartazgo y la creación de una país que a veces me desborda en sus climas, en sus amores, donde escribo el hambre de muchos y mi sopa todavía en la ternura de mis amplias geografías, como manos que no alcanzan a abordarlo todo, mas los ventanales y la lucha de los mapuches y toda mi lucha por entender, detrás de los hospitales, mas alla de la psiquiatría, en mi abrazo fraterno, en mi sentir al hermano en las izquierdas, en las miradas de los abuelos como gigantes, en el territorio anarquista de mi deseo, en todo lo anarquista de mi simpatía por el mundo, por las rutas, por todas las novelas del llanto de mi querer ser, de mi estar en el vientre, de mi ser niño empujando, en el viento, las ganas de parir mis sueños, de cantar mi amor por la vida que se esta cocinando en un caldero, mi amor por la especie, mi amor por el caldo de cebollas, por la ciudad de los ventanales, de las arquitecturas de mi emocionar con los demás, de sentirme parido por el mundo, de estar naciendo de mi propio andar.
lunes, 7 de agosto de 2017
De todo ese amor que fulgura mientras camino; la música de mi devenir niño cada tanto, de tanto esperarme en una esquina y volverme pájaro, con todas las ventanas abiertas y los arboles musicales, yo siento la mañana de mi agradecimiento, de mi salud reconquistada tras el dolor de no poder nombrarte, ni revivirte, tras el duelo por los muertos, por todas sus resurrecciones en mis adentros, como viven en mi como en una danza luminosa, como el sabor de las uvas o la laguna de Laprida, con su misterio, sus juncos adolescentes, sus maizales, sus caballos impenetrables como los recuerdos de la blancura del desierto, que llora la casa, la chimenea del llanto en los parques que fueron, en los libros, mis fantasmas, mis mascaras de teatro de ensueño, donde vive mamà, donde ella mismas vuelve de todo su desamparo, mujer de la noche helada, de los suburbios, del semblante porteño, como van surgiendo las almas de su borrachera, de la distancia, del entrevero como si con una queja todo estuviera en su lugar, la muerte temprana de los recién venidos, las lagrimas por tanta soledad, por tantas heridas y ver que de la tierra crecen nuevos arboles en sintonía con mi nacimiento, al sol de lo mejor de los delirios, en el brote ciudadano de una manera de soñar con Buenos aires, de enredarse en sus esquinas, en sus patios, en sus veredas, como quien escribe el futuro en las manos de dios, como quien se entrega al beso profundo, que arrastra territorios, mapas, países, todos los estados, los mas calamitosos y los otros, en la ciudad profunda, en el ahogo de tantos, en la sofocación del aire siniestrado, pero mis raíces, la detonación de mi esperanza, la destrucción de mi melancolía, en la profunda sustancia del ensueño donde me recupero, me desdoblo y me grito y hago aparecer un caballo azul que galopa por sobre el viento, por sobre el tiempo, y un niño que recorre distancias y toda una manera de estar en la tierra, a gusto.
domingo, 6 de agosto de 2017
Yo se que es una felicidad diminuta pero potente, atravesando los grandes espacios de la escritura para recrear la epopeya del que vuelve de su propio desnudo, de su frio interminable; vuelve como ostra o como caracol con las raíces que le crecieron, atravesadas en su cuerpo, cortadas con tijeras, dibujadas con la alegría de los retoños de la infancia, entre sus quereres, entre sus sonrisas, mucho mas alla de sus miedos, en los tiempos de maria rosa, que son tiempos inexplicables de envoltura, de hermosura en los pinceles, en la pintura de todos los paisajes, de todos los encuentros con la mismidad y el arrullo de la biblioteca y todas las llagas encendidas y curadas, todas las lastimaduras, las cicatrices pero también toda la memoria, toda la penumbra pero también toda la mañana con su fulgor, con su estallido de vida y de optimismo, de sus ganas de amar, de su querer jaspeado, de su adorada corteza vertical, se fue haciendo como árbol, se fue pariendo azares, en la montaña rosa, en la hiedra del muro, en todas las aventuras en los caminos, en las autopistas, ensayar los pasos en la niebla para crecer, para darse vuelta como un plumero, en los cielos travestidos de su propia travesura, jugando a andar, a nadar, a ensamblar piezas sueltas y rotas, a estar en otros cuerpos, en otras acariciadas personas, de sol a sol, atravesado por su propio nacimiento, en su propio caldo, en su decir de agosto, en el mes de las muertes y las resurrecciones.
sábado, 5 de agosto de 2017
A lo largo de todo el recorrido puedo ver el paisaje libertario, la manera de comprender la política en todos sus desprecios y desajustes, abonar el pensamiento para redimir todo el dolor que deja como rastro la psiquiatría, en las mejores intenciones el dialogo se interrumpe, somos demasiado niños como para dar explicaciones, no estamos a la altura de los padres que llevamos, siempre padres incomprendidos, dejados a merced del olvido, pero que gobiernan desde sus muertes tempranas, echando sombras, enterrando deseos.
Pero lo que quiero decir esta del lado de la felicidad, de un llanto por la gente en las calles, de una mama que reaparece, que sonríe, que también ha trastocado su locura y en esa noche donde ambos, padre y madre se devoran, de esa noche nace el misterio de mis palabras, de toda la gramatica psicoanalítica y psiquiátrica de mis días luminosos, toda la apertura de mi encierro, de mi ferocidad, de mi desesperación para contribuir a la sociedad, a los personajes que me invento, del otro lado del cuerpo, como si fuera hoy que he nacido, como si me hubiera parido de una nueva familia humana, de una soledad que lleva el nombre de Elena, su compañía, su manera de enseñarme el camino, con nuevos principios, mis desdoblamientos, la etapa de resurgir a nuevas visiones, a otras republicas.
Yo vengo a nacer en un tiempo de miserias y mi alegría es de tanto empujar el dolor, verlo caer, y en un agujero verlo crecer como mi felicidad de recuperarte, como toda mi superación entre tanto trabajo para sacarlo de adentro, al gusano, al almibar de la milpa de mi abandono, en el país del sin trabajo, donde me señalo vivo de tanto haber muriendo, como inventando un rumbo donde se acoplan sin querer todos los sexos juntos, los de la noche y los del mediodía, mientras mis verdades y mis vergüenzas, todas juntas lloran lo encontrado, las gracias de una nueva aventura siendo que soy o que era una sombra para un aromo, para volver a nacer árbol, comer del árbol, sonreir del árbol por todas esas soledades y fracasos que me estallaron en la cara, como el junco, como la tarde, como el libro siempre la incesante gracia de los devotos, de los peregrinos bebiendo de la espera, del ir limando el tiempo, de erosionar con el corazón la mañana para hacerla crecer, para dejarla estallar en tu sonrisa como un llanto por tantas cosas, por las traiciones, por las muertes que hacen resurgir el amor, los muertos en vida que florecen, que echan raíces en sus sueños, en sus contemplaciones, derribando las murallas hasta parir de la muerte un niño, el sol de medianoche, las lluvias eternas de la aventura de vivir por una siembra, una mano que alcanza otras manos desaparecidas, los brazos de la injusticia, los mil tesoros de la luna, a la locura de darse, de envolverse, de soñar.
Caminar como quien se va haciendo caminante en la manera de hacer literatura, sin contar los años invertidos, entre tantos secretos, circulando por la vida en el terreno del desencuentro, pero siempre tejiendo algo del destino, criarse uno mismo y descubrir el mundo, la alegría de renacer de entre los escombros, sentirse despertando, con ganas de asumir la aventura, volviendo a revivir el desafio, en la morada de un nuevo rostro, de una música que acompaña las bellezas solares y fugitivas, como son las bellezas estelares de tu nombre, de tu poesía, de toda tu manera de sentir lo vibrante del país, de la gente atravesada, que lucha por el acontecer de una nueva travesia, el país de los nombres que todavía recuerdo, de las mujeres anónimas, de los dolores, de los entuertos; el país de los resurgimientos, de las callosidades de las blanduras. Y te veo escribirlo, con el corazón en su pobreza, como con una ceguera que toca muy profundo el cuerpo castigado, la siembra de nuestros horizontes, de todos los acuerdos, como roces de la mirada, de la profunda humanidad que se levanta para consagrar la justicia del viento, de las mareas, de los mares con palabras allanadas a los temblores, a los tropiezos que da la luna ambigua de un pezón en el dormitorio, en la cuna de todas las manos que duermen como pechos o señales de maternidades como llantos o esperas de otras cosas, de otros libros en nuestro muros, y tanto mas para prever como se desatan las prisiones de los prisioneros y como se acumula en los cantaros la soledad de un nuevo reino.
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