sábado, 5 de agosto de 2017
Yo vengo a nacer en un tiempo de miserias y mi alegría es de tanto empujar el dolor, verlo caer, y en un agujero verlo crecer como mi felicidad de recuperarte, como toda mi superación entre tanto trabajo para sacarlo de adentro, al gusano, al almibar de la milpa de mi abandono, en el país del sin trabajo, donde me señalo vivo de tanto haber muriendo, como inventando un rumbo donde se acoplan sin querer todos los sexos juntos, los de la noche y los del mediodía, mientras mis verdades y mis vergüenzas, todas juntas lloran lo encontrado, las gracias de una nueva aventura siendo que soy o que era una sombra para un aromo, para volver a nacer árbol, comer del árbol, sonreir del árbol por todas esas soledades y fracasos que me estallaron en la cara, como el junco, como la tarde, como el libro siempre la incesante gracia de los devotos, de los peregrinos bebiendo de la espera, del ir limando el tiempo, de erosionar con el corazón la mañana para hacerla crecer, para dejarla estallar en tu sonrisa como un llanto por tantas cosas, por las traiciones, por las muertes que hacen resurgir el amor, los muertos en vida que florecen, que echan raíces en sus sueños, en sus contemplaciones, derribando las murallas hasta parir de la muerte un niño, el sol de medianoche, las lluvias eternas de la aventura de vivir por una siembra, una mano que alcanza otras manos desaparecidas, los brazos de la injusticia, los mil tesoros de la luna, a la locura de darse, de envolverse, de soñar.
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