lunes, 21 de agosto de 2017
Por el camino de la alegría la descubro, en otros tiempos, con su semblante. Voy por esos sueños de contigüidad abriendo futuros, naciendo de un pasado maternal, que tiene siempre su sonrisa, como la veo o la intuyo siempre bipolar, entre cortinados y mundos secretos, donde ella se fue pero no se fue nunca, siempre me dejo su mensaje, su manera de vestir, de andar por las cornisas de los hijos, como yo anduve por mis cornisas en el tiempo de confluencia, mamà y Papà, y un mundo de sueños que se deshacen, como ellos en el viento, en sus cementerios, en sus ataúdes, hay algo de la muerte que florece como en la primavera, los brotes bipolares de las inflorescencias de la mente donde alguna vez estarían donde están, en alguna parte de mi cuerpo cuando bailo y soy feliz de bailarlos, de enterrarlos y devolverlos a la vida y contemplar el panorama del teatro donde los descubro, mis padres, el roce de mis padres, el corazón que perdura, como si los estuviera pariendo, como si los engendrara con mi deseo de imaginarlos, su manera de estar siempre vivos en mi, en mi sentimiento.
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