jueves, 27 de julio de 2017
Para intentar un cambio, a veces la provocación de un estado por los sonidos armónicos, por el efecto de la noche, las poses amatorias, el cuerpo que se insinúa en el llanto, en las emociones profundas donde solo hay un agradecimiento por la belleza.
Como si se tratara de una iniciación, ver la unidad de los pedazos dispersos, la raíz de tanta voz encendida en el ambar perfumada, que nos interpela, como el azar, como la figura del loco en el tarot o el caminante, seguirle el rastro a la escritura, ser la medida viviente de un nuevo orden, que se hace, como toda metamorfosis en los amarillos y en los verdes de las praderas cielo arriba, sin confundir con la escritura, el espejo opaco y sombrìo de la tristeza que penò por dar vida, por regalar la dicha de todos los libros leidos, que son un poco como la tierra que late, como los soldados que danzan, siempre encadenados a su destino, pero también apropiándose de una libertad posible, aùn en un hueco, para ver otra realidad, el contraste entre los personajes del drama, la alegría de revivirlos, como si se los idolatrara, siempre en el ideal de los brotes de la psicosis mas profunda, que trae viento nuevos, a las lagrimas de siempre, a las voces como espectáculos, como digestión, como maduración y maceración de las raíces, la noche que deambula con sus fantasmas, de la mano de mamà, de los brazos imaginarios de papà con todas las herramientas para cavar muy profundo en el dolor de conocerse y maniobrarse y amputarse a veces para renacer, de la carne talada a la mayor felicidad posible.
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