contador de visitas

viernes, 28 de julio de 2017

Encuentro luminoso

Tarda en llegar la alegría, esa que siempre esperamos, esa que estudiamos y preparamos como si fuera un postre o una bandera. Es una alegría que compartimos en lo mas pequeño y simple, en lo mas evidente; es una alegría que cura nuestras heridas, que repara todo nuestro sufrimiento pasado, que nos invita a vivir con la música que encontramos, con los libros y la gente, siempre la gente con la que uno se hace solidario, en la conversación de todas las historias posibles. A mi me ayudo el Budismo a concebir una conciencia clara que no se enreda en los caprichos o los vicios del pensamiento, el despertar del Buda fue mi propio despertar y es con una mente luminosa que uno encara la vida cotidiana en la posibilidad de amar, de desear, de aprender siempre aprender de los demás, los caminos que uno no hizo, a veces caminos tortuosos, caminos de silencio, de sacrificio. Yo he tomado gracias al psicoanálisis por la via de los grupos, me siento bien en ellos, para mi es una experiencia de crecimiento, donde apuesto a sembrar relaciones. Esta alegría que nace de mis propias fortalezas, al amparo de una soledad que revive gracias a lo social, una soledad resignificada que yo exhibo como un trofeo, como una manera de andar también por la vida haciendo amigos, la amorosa condición de luz, que es trascendencia, yo la tomo y la doy devuelta y me callo y me entrego y estoy siempre abierto a resurgir, a soñar con la imaginación siempre en alto para recrear el mundo del misterio femenino en la búsqueda de mi identidad, en la manera de resonar la familia que me transforma y me convoca, para proseguir el camino de las arenas interminables, de los eternos cantos, a pesar de toda la miseria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario