miércoles, 26 de julio de 2017
Una soledad oceánica, espiritual, en un dialogo profundo con los sentimientos que enaltecen, en el mejor estilo de Rilke, cuando la vida se apropia de todo lo positivo que tiene para dar, en la certeza de las cosas inciertas, sobre la base de un cuerpo placer que vive sin sonrojarse en sus propias conquistas, siempre en el hallazgo de lo maravilloso; de una espacialidad que recupera las ganas de vivir, el sentimiento pleno y amoroso por todo lo que ilumina, pensando en las mejores enseñanzas del Budismo, en el brillo de tu rostro, en el sonido de tu voz. Todo eso me ha sido dado, todo lo supe desde mis lecturas, desde mis anhelos, lo que es de mi cosecha y lo que sembraron otros en mi, sabiendo que las noches serian mias, que le habrìa ganado la partida al dolor, al padecimiento mental, a lo mas duro de la psicosis.
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